author image

Ignacio Beamonte

Divulgador y Asesor de salud con más de 40 años de experiencia.

  • Lun a Sáb 9a.m. a 7p.m. | Dom 12a.m. a 4p.m.

Tel.

(646) 176-1005 y 176-1040

Dirección

Ave. Espinoza #313, Col. Obrera. CP 22830

Archivos de categorías: comida chatarra

Gluten 

De la panza de bollito al daño cerebral

Antes era la “Panza de Chelero” o “Pulquero”, pero ahora es la del “Panadero”. 

Se publicó en la Journal of Nutritional Biochemistry la confirmación de efectos nocivos del gluten. 

La simpática pancita surge por exceso de gluten. Si este se elimina, se reducen la obesidad y el síndrome metabólico -precursores de diabetes y problemas cardiovasculares. 

Y sin importar el contenido de calorías, el solo consumir trigo aporta gluten, que altera las glándulas y el metabolismo para aumentar el peso. 

El experimento usó dos grupos de ratas con dietas altas en grasas, pero uno con gluten y el otro sin gluten. El grupo sin gluten perdió peso sin excretar grasa. Esto pone en duda a las dietas “fat-free”. 

Por ello se recomienda evitar el gluten del trigo a los gorditos, pre-diabéticos, con síndrome metabólico o que sufren colon irritable. 

¿Cómo el pan se volvió una amenaza? 

Porque el trigo actual no es el original; es un híbrido diseñado genéticamente para resistir hongos, crecer rápido, y ajustarse a la industria de la panificación. Por ello contiene 50% de gluten (contra 5% de hace 60 años), para satisfacer las necesidades industriales y comerciales por encima de la salud. 

Pero fortaleció otro segmento industrial y comercial: consulta y medicamentos. 

Encima, al blanquear la harina artificialmente y agregarle “mejoradores” -a menudo tóxicos- y amasarla violentamente, las hogazas pudieron ser horneadas, enfriadas y empacadas en pocas horas, produciendo alimentos baratos e insanos para muchos, pero grandes utilidades para pocos. 

Pero esto empieza a cambiar: Ya existe pan sin Bromuros (daña la tiroides), pan de masa agria (fermentación y levado natural), y panes sin trigo. 

Gluten: daño cerebral y ataxia 

Para rematar, ahora resulta que daña el cerebro según el Center for Peripheral Neuropathy. 

La Gluten Free Society denomina al gluten: “Neurotoxina Potencial”, ya que puede ocasionar desde mareo hasta entumecimiento de extremidades. 

Un 10% de Celiacos desarrollan síntomas neurológicos como Ataxia (movimientos espasmódicos y andar extraño) por sensibilidad al gluten, con síntomas como: 

  • Dificultad para concentrarse 
  • Pérdida del equilibrio 
  • Caídas frecuentes 
  • Alteración de la vista 
  • Dificultad para caminar 
  • Condición temblorosa 
  • Dificultad para calcular distancias 

Comer gluten puede disparar reacciones auto-inmunológicas: el cuerpo ataca al gluten como si fuera virus, dañando los intestinos y la absorción de nutrientes, creando deficiencias nutricionales. Y si la sola deficiencia de vitaminas puede producir Ataxia, también se sospecha que algo en el cerebro parecido al gluten resulte atacado por los anticuerpos. Pero comer gluten empeora los síntomas de Ataxia (Journal of Neurology, Neurosurgery, and Psychiatry). 

Tratamiento 

Todo el Grupo Sanguíneo O es intolerante al gluten. 

Se recomienda eliminar TODO el gluten por al menos 1 mes, y reintroducirlo luego para observar las reacciones. 

Una vez establecida la intolerancia, el único tratamiento es la abstinencia total. Pero afortunadamente hay ya muchas alternativas en panadería, pastas, cereales, pancakes, y sazonadores. 

Pastel y papitas

¿Por qué cuando comes pastel te detienes en la segunda tanda, pero cuando abres una bolsa de papitas es casi imposible detenerse? 

Porque con el pastel el cuerpo sabe que ha tenido suficiente, pero con las papas no dispara la misma alarma. ¿Por qué? 

¡Porque fueron diseñadas especialmente para eso! 

Este es uno de los impactantes resultados a los que llegó Michael Moss al cabo de 4 años de 

investigar a la industria de comida procesada. El New York Times publicó un extracto de su libro Sugar Fat: How the Food Giants Hooked Us (Grasa azucarada: Como nos engancharon los Gigantes de los Alimentos) en que el autor explica cómo es que todas las botanas tienen en común “el punto de la felicidad” que es un de sabor que nos mantiene comiendo sin dejarnos satisfechos (¿Le suena familiar?: “¡A que no puedes comer solo una”!). 

Moss cita a Howard Moskowitz, investigador pionero del “punto de la felicidad” que explica lo trabajoso que resulta dar con “ese redituable sabor adictivo”. 

Moskowitz trabaja en una nueva fórmula para Dr. Pepper y el proceso fue así: 

Encontrar el punto de la felicidad requirió preparar 61 fórmulas sutilmente distintas -31 para la versión normal y 30 para la dietética. Luego fueron sometidas a 3,904 degustaciones en Los Ángeles, Dallas, Chicago y Filadelfia. Los catadores descansaron 5 minutos entre cada trago para restaurar sus papilas gustativas. Al cabo de cada muestra, dieron calificaciones numéricas y respondieron preguntas como: 

¿qué tanto te gustó? ¿Qué tan fuerte es el sabor? ¿Qué opinas del sabor? ¿Cómo describes la cualidad del producto? ¿Qué tanto querrías comprarlo? 

La información obtenida -un reporte de 135 páginas- es muy detallada y muestra los sentimientos de distintos grupos ante un fuerte sabor a vainilla contra uno más tenue, contando aspectos como el olor y la fuerza sensorial que los expertos definen como “sensación de boca” que es la manera en que un producto interactúa con nuestra boca (con sensaciones de sequedad, gomosidad, humedad, etc.), términos familiares para los sommeliers. Pero la sensación bucal de refrescos y alimentos –sobre todo los altos en grasa- ocupa el 2º. lugar después del punto de la felicidad para predecir cuánto antojo generará un producto en el consumidor. 

Estas revelaciones podrían no ser sorprendentes, porque suena muy lógico que las grandes corporaciones chatarreras contraten a los mejores científicos e ingenieros del sabor. 

Sin embargo ¿Podrían usar sus habilidades para ayudar al problema de obesidad mundial? La respuesta es: “Si chucha…¿y tus calzonzotes?” 

Porque desde la lógica de “la utilidad ante todo”, a ningún productor de chatarra le interesa que sus consumidores coman o beban menos, así resulte en sacrificar la salud y el futuro de generaciones y naciones enteras, porque al final, también podrán invertir en la mal llamada “industria de salud” que no es otra cosa que la de “la administración de la enfermedad”. Y colorín colorado, la casa siempre ha ganado.