author image

Ignacio Beamonte

Divulgador y Asesor de salud con más de 40 años de experiencia.

  • Lun a Sáb 9a.m. a 7p.m. | Dom 12a.m. a 4p.m.

Tel.

(646) 176-1005 y 176-1040

Dirección

Ave. Espinoza #313, Col. Obrera. CP 22830

Archivos de categorías: Bebidas

Los campeones del “chesco” y de la “soda” 

“¡Pos ahí deme nomás pa’ las sodas!” o “¿quién se tiende por los chescos?”, son frases cotidianas repetidas por millones de mexicanos que describen la familiaridad que tenemos con esas bebidas nefastas que nos tienen orgullosamente en primer lugar de consumo per cápita con 160 litros por choya, que nos dejan 9 kg de sobrepeso acumulables año tras año. 

Pero a la voz de ¡Sí se puede! desbancaremos en un par de años a los Estados Unidos de América (EUA) del campeonato de la obesidad. México tiene un 25% de su población con obesidad clínica, sólo abajo de EUA que tiene 31%. 

La mala noticia es que el sobrepeso y la obesidad son una enfermedad crónico degenerativa incurable. 

Y lo que más trabajo nos cuesta es creer que el principal responsable es el desmedido consumo de bebidas endulzadas (regulares y de dieta), porque no entendemos cómo es que algo líquido se convierte en grasa. 

Y las peores son las “light” o dietéticas -que usan endulzantes artificiales-según estudio en la 

Universidad de Texas, cuyo consumo aumenta hasta un 70% la circunferencia de la cintura, y por si fuera poco, agravan el riesgo de desarrollar diabetes. 

O sea que estas bebidas no sólo carecen de calorías sino también de ética. 

Así es que hay que medir los azúcares y evitar las bebidas “light” o dietéticas, y las regulares, 

incluyendo sodas, jugos y “yogurt”, e integrar más verduras y frutas, de las cuales México tiene 360 variedades, pero se consumen sólo el 8%. ¿No es de locos, o aun mejor, de ignorantes suicidas? 

Y así como adquirimos los malos hábitos (porque no nacimos mamando “chescos” ni sodas “light”) podemos, con base en la repetición, instalar unos nuevos y saludables que vayan mejorando la raza, porque al paso que vamos, nadie cerrará la puerta, porque ninguno podrá pasar por ella. 

En la Universidad de Monterrey se señaló que los costos médicos para atender un paciente obeso de 30 años de edad equivalen a los de un paciente no obeso de 50 años. Y ni que decir de la diabetes, para la que ya no alcanza el dinero y por sí misma podría quebrar al Sistema de Salud completo. 

Súmese a esto que se invierte cada vez menos tiempo al aire libre, y tenemos que un 50% de los niños que son obesos hasta los 6 años, seguirán así en la edad adulta, y de los de 10 a 14 años, un 80% seguirá en el club de Tobi. 

Así las cosas, agua alcalina, las tradicionales aguas frescas, y agarrar la bicicleta. 

De cómo la leche produce cáncer de mama (próstata)

La historia de Jane Plant, geoquímica jefa del British Geological Survey, constituye un ejemplo para muchas mujeres, ya que sobrevivió a 5 tumores mamarios y a los tratamientos oncológicos, eliminando los lácteos de su dieta.

Su historia es la de muchas mujeres: el pánico cuando le diagnosticaron cáncer mamario y confiando en los oncólogos sufrió mastectomía e irradiación de ovarios para curarla. Pero el cáncer se reprodujo 4 veces más.

“Sufrí mastectomía, radioterapia y quimioterapia muy dolorosas. Me vieron eminentes especialistas pero sentía morirme”, cuenta Jane en su libro “Your Life in Your Hands” en el que relata cómo salvó su vida:

“Al viajar con mi marido a China vi que mi enfermedad era virtualmente inexistente (1 de 10.000 muere de cáncer mamario) mientras que en Inglaterra son 1 de cada 12.

Mi marido y yo investigamos sus hábitos y alimentación hasta concluir que: las chinas no enfermaban de cáncer mamario ni los chinos de tumores prostáticos, porque no toleran la leche y no la toman. Tampoco comprenden nuestra preocupación por tomar leche. Ellos nunca la utilizan y menos para amamantar bebés.

Y no puede ser casualidad que el 70% de la humanidad sea intolerante a la lactosa. Creo que la naturaleza avisa que estamos comiendo algo equivocado”.

Jane Plant suprimió todo lácteo, incluidos: Sopas, galletas, pasteles, margarinas, etc. ¿Y qué sucedió? “En unos días el tumor se encogió. Dos semanas después de la segunda quimioterapia y una semana después de suprimir los lácteos, se ablandó y comenzó a menguar. Seis semanas después había desaparecido.

Mi oncólogo no esperaba que alguien con un cáncer avanzado -con metástasis linfática- sobreviviera, pero superó su escepticismo y ahora recomienda una dieta sin lácteos”.

Después de publicar su libro más de 60 mujeres con cáncer mamario la contactaron. Sus tumores también desaparecieron.

“No fue fácil aceptar que algo tan ‘natural’ como la leche pudiera dañar la salud, pero no me cabe duda que la relación entre lácteos y cáncer mamario es similar a la del tabaco y cáncer pulmonar.

En 1989 el Dr. Daniel Cramer de Harvard, determinó que estos productos están implicados en el cáncer de ovarios y próstata.

La organización Mundial de la salud afirma que la tasa de chinos con cáncer prostático es de 0.5 por cada 10000 mientras que en Inglaterra es 70 veces mayor.

Para Jane Plant la leche de vaca es un gran alimento…¡para los becerros! Y afirma que la naturaleza no la destinó al consumo de otras especies, “Estoy convencida -concluye- que salvé mi vida por dejar de consumir lácteos. Sólo deseo que mi experiencia salve a más mujeres y hombres que pueden enfermar a causa de los lácteos que consumen”.

Recomienda incluir alimentos orientales de soya, ajonjolí, nueces y semillas, frutas y verduras.

MÉXICO, medalla de oro en consumo de refresco

Dicen algunos estudios que México es el país con mayor consumo de refrescos, pese a las consecuencias negativas que acarrea su ingesta. El hábito, como muchas otras costumbres, inicia en la infancia.

Los refrescos o bebidas carbonatadas se han establecido en gran número de mesas para acompañar los alimentos, o bien, se ingieren ávidamente entre comidas como “golosinas”, ocupando lugar destacado en la alimentación de los niños. No por nada, durante el decenio 1990-2000 se bebieron en México, en promedio, 140 litros por persona, lo que representa el primer lugar de consumo de estos productos por habitante en el orbe.

Sin embargo, el daño que provocan a la salud es mayúsculo, y apunta en diversas direcciones: sobre peso, desmineralización y trastornos digestivos.

Las bebidas carbonatadas provocan obesidad infantil, pues contienen grandes cantidades de azúcares, como sacarosa, glucosa y fructuosa; sólo como ejemplo, se publicó (1) (2) que para elaborar 10 litros del refresco más popular en el mundo, se requieren 8.8 litros de agua, 1,070 gramos de endulzante y 90 gramos de dióxido de carbono. Pues bien, tales compuestos llegan rápidamente al flujo sanguíneo del niño y son asimilados gracias a la insulina, lo que les permite pasar a los tejidos convertidos en grasas.

Así, diversas investigaciones han encontrado un vínculo directo entre el consumo de refresco y la obesidad hasta en 34% de los casos estudiados. Los resultados son contundentes: al beber un litro de refresco al día, se aumenta un kilo de peso en tres semanas.

Estas bebidas, además, afectan a los dientes disolviendo su esmalte protector y provocando caries. En particular, las bebidas de cola contienen ácido fosfórico, sustancia que impide la adsorción de calcio y que favorece la formación de huesos débiles: si un diente humano es sumergido en una bebida de cola, éste se ablanda en un par de días y comienza a disolverse.

Por otra parte, se sabe que el consumo de refrescos de cola genera hiperactividad en los niños: uno de sus componentes, la cafeína, es una sustancia que intoxica a las células nerviosas, provocando en ellas una reacción para eliminarla que se combina con sensación de euforia, si bien el resultado final es agotamiento. Por otro lado, el contenido de cafeína en estos productos es superior al de una taza de café y existen evidencias de que disminuir el consumo de refrescos en 50% mejora el comportamiento en 42% de los infantes.

Asimismo, la cafeína provoca trastornos de sueño en el pequeño, hecho que adquiere relevancia si se considera que al dormir se estimula la hormona del crecimiento, por lo que la falta de descanso profundo y reparador afecta el desarrollo normal.

Por último, cabe destacar que el gas carbónico, sustancia que da a estas bebidas su característica burbujeante, tiene dos efectos nocivos: a corto plazo, ayuda a asimilar al ácido fosfórico y a la cafeína, aumentando los efectos antes descritos, mientras que a mediano plazo produce irritación en la piel que recubre al estómago o mucosa gástrica, con lo que se favorece la aparición de trastornos digestivos.

MÉXICO, medalla de oro en consumo de refresco

El Vigía 4 de agosto del 2012

Dicen algunos estudios que México es el país con mayor consumo de refrescos, pese a las consecuencias negativas que acarrea su ingesta. El hábito, como muchas otras costumbres, inicia en la infancia. 

 Los refrescos o bebidas carbonatadas se han establecido en gran número de mesas para acompañar los alimentos, o bien, se ingieren ávidamente entre comidas como “golosinas”, ocupando lugar destacado en la alimentación de los niños. No por nada, durante el decenio 1990-2000 se bebieron en México, en promedio, 140 litros por persona, lo que representa el primer lugar de consumo de estos productos por habitante en el orbe. 

Sin embargo, el daño que provocan a la salud es mayúsculo, y apunta en diversas direcciones: sobre peso, desmineralización y trastornos digestivos. 

 Las bebidas carbonatadas provocan obesidad infantil, pues contienen grandes cantidades de azúcares, como sacarosa, glucosa y fructosa; sólo como ejemplo, se publicó que, para elaborar 10 litros del refresco más popular en el mundo, se requieren 8.8 litros de agua, 1,070 gramos de endulzante y 90 gramos de dióxido de carbono. Pues bien, tales compuestos llegan rápidamente al flujo sanguíneo del niño y son asimilados gracias a la insulina, lo que les permite pasar a los tejidos convertidos en grasas. 

 Así, diversas investigaciones han encontrado un vínculo directo entre el consumo de refresco y la obesidad hasta en 34% de los casos estudiados. Los resultados son contundentes: al beber un litro de refresco al día, se aumenta un kilo de peso en tres semanas.  

Estas bebidas, además, afectan a los dientes disolviendo su esmalte protector y provocando caries. En particular, las bebidas de cola contienen ácido fosfórico, sustancia que impide la adsorción de calcio y que favorece la formación de huesos débiles: si un diente humano es sumergido en una bebida de cola, éste se ablanda en un par de días y comienza a disolverse. 

Por otra parte, se sabe que el consumo de refrescos de cola genera hiperactividad en los niños: uno de sus componentes, la cafeína, es una sustancia que intoxica a las células nerviosas, provocando en ellas una reacción para eliminarla que se combina con sensación de euforia, si bien el resultado final es agotamiento. Por otro lado, el contenido de cafeína en estos productos es superior al de una taza de café y existen evidencias de que disminuir el consumo de refrescos en 50% mejora el comportamiento en 42% de los infantes. 

Asimismo, la cafeína provoca trastornos de sueño en el pequeño, hecho que adquiere relevancia si se considera que al dormir se estimula la hormona del crecimiento, por lo que la falta de descanso profundo y reparador afecta el desarrollo normal. 

Por último, cabe destacar que el gas carbónico, sustancia que da a estas bebidas su característica burbujeante, tiene dos efectos nocivos: a corto plazo, ayuda a asimilar al ácido fosfórico y a la cafeína, aumentando los efectos antes descritos, mientras que a mediano plazo produce irritación en la piel que recubre al estómago o mucosa gástrica, con lo que se favorece la aparición de trastornos digestivos. 

  1. Radiografía de Coca Cola. El Poder del Consumidor. 25 de octubre de 2011. https://bit.ly/2TFL668
  2. ¿Cuánta agua se utiliza para producir un litro de Coca-Cola?. El Financiero. 16 de agosto de 2022. https://bit.ly/3Dp5oFR

 

La dieta del mexicano 

Ahora que la industria refresquera hizo su berrinche con el proyecto de aplicarle un impuesto a las bebidas edulcoradas, argumentan que sólo el 5.5% de la energía de la dieta es por bebidas azucaradas. Supongamos que así fuera, pero no se trata solo de porcentajes sino de calidad y toxicidad. 

Pero el hecho es que los mexicanos gastamos más en refrescos que en huevo, fruta o pescado. 

¿Qué cosas compramos? 

Según la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares 2012, del INEGI, de cada $100 pesos: 

  • $22 se usan para comprar carne; 
  • $19 para cereales;
  • $11 para el grupo verduras, legumbres, leguminosas y semillas; 
  • $ 9 para bebidas (alcohólicas y no alcohólicas). 
  • Se registró que el gasto en bebidas es superior al de huevo y frutas (en los que gastamos $4 de cada 
  • $100) y de pescados y mariscos ($2 de cada $100). 

Los alimentos 

De acuerdo a otro estudio del 2012 por la CANACINTRA con datos de 1980 a 2010 de SAGARPA, INEGI, SE y Banco de México, los alimentos que más consumimos en México son: 

  • Tortilla: 6.5kg/persona/mes. (En ciudades 8 tortillas/día/ persona y en zonas rurales 9 tortillas/día/persona). 
  • Cítricos (limón, lima, naranja): 4.7kg/persona/mes. 
  • Verduras (incluidas las que condimentan): 4kg/persona/mes. 
  • Azúcar: 3.7kg/persona/mes. 
  • Frutas: 3.6 kg/persona/mes. 
  • Pollo: 2.5kg/persona/mes. 
  • Huevo: 1.8kg/persona/mes. 
  • Pan (blanco y dulce): 1.5kg/persona/mes.
  • Res: 1.5kg/persona/mes
  • Cerdo: 1.2kg/persona/mes.
  • Chile verde: 1.1kg/persona/mes.
  • Frijol: 0.9kg/persona/mes. 

Las bebidas 

El mismo estudio revela que cada mexicano bebe, al mes, 12.8 litros de refresco, y 10.4 litros de leche (bueno, lo que se vende con ese nombre). 

Un estudio del Journal of Nutrition titulado: Energía proveniente de las bebidas ha crecido en los adolescentes y adultos mexicanos, revela que la bebida que más energía aporta es el refresco –que carece de valor nutricional. 

Para niños y adolescentes (menores de 18 años), el 20% de la energía proviene de las bebidas: 

  • Los refrescos aportan 5.2% de esa energía. 
  • La leche 5.96% (esta tiene al menos beneficios nutrimentales). 
  • Los jugos 3.01% (pero ningún “jugo” envasado en México tiene más del 10% de jugo real, según reveló la PROFECO. Mejor ni pregunte qué es el resto) 
  • El café 1.12% 
  • Otras bebidas en la dieta de niños y jóvenes mexicanos son: el té, el atole y las bebidas alcohólicas (jóvenes). 

Para los mayores de 18 años, el 22% de la energía proviene de bebidas: 

  • Los refrescos aportan 4.67% de esa energía. 
  • La leche 5.02% 
  • El jugo 3.66% 
  • El café 1.89% 
  • Otras bebidas en la dieta de los adultos mexicanos son: las bebidas alcohólicas y el agua mezclada con jugo. 

Ahora bien, ¿qué contiene lo que comemos? 

  • 41.0% contiene calorías de carbohidratos y grasas. 
  • 39.6% proteínas animales. 
  • 14.1% vitaminas y minerales. 
  • 5.1% proteínas de origen vegetal. 

Queda en usted querido lector enmendar la estadística para evitar que el barco de la salud nacional se hunda en medio del proceloso mar de la estulticia de los monopolios de comestibles y bebestibles, y los huracanes de la mezquindad política. 

El vinagre de manzana 

Desde la antigüedad se conocen las propiedades medicinales del vinagre de manzana y se utiliza en el tratamiento y prevención de muchas enfermedades. 

En esta época ocupa un lugar importante en el botiquín naturista en todo el mundo; en México gran parte de la población sufre pobreza y el vinagre de manzana puede ser un gran remedio para aquellos que no cuentan con una adecuada atención sanitaria. 

En el vinagre de manzana destaca la presencia de ácido acético, ácido málico, minerales (calcio, fósforo, sodio, hierro, cobre y mucho potasio), y vitaminas (B-2, B-3 y el beta-caroteno). 

Su riqueza en potasio ayuda a reponer su deficiencia en la alimentación moderna (que puede retardar el crecimiento y provocar estreñimiento, insomnio o irritabilidad nerviosa). 

Entre sus propiedades estan: Depura los intestinos y evita gases, mejora la digestión lenta, modera el apetito, su ácido málico moviliza y elimina grasas inútiles, acelera la combustión de grasas, estimula la diuresis sin perder potasio – es remineralizante – por su betacaroteno protege piel y mucosas – alivia inflamaciones y quemaduras superficiales en la piel. También es coadyuvante en tratamiento de angina de pecho, artritis, asma, fiebre del heno, hipertensión, enfermedades respiratorias, hipo y calambres – provoca saciedad – arrastra colesterol, lípidos y sales biliares que se forman en base a colesterol. 

Contra los males del siglo 

Tres en uno: glucosa, insulina y saciedad. 

Su consumo en una comida contribuye a que sea más lento el paso de los alimentos digeridos desde el estómago al intestino y a que disminuya la respuesta en sangre de la glucosa y la insulina, aumentando la sensación de saciedad de acuerdo a estudios en la European Journal of Clinical 

Nutrition donde se vio que cuanto mayor fue la dosis de vinagre (2-3 cucharadas) más significativa fue la disminución de la glucosa y la insulina, y mayor fue la medida de la saciedad. 

Estos resultados indican un potencial de alimentos conservados en vinagre de manzana como posible ayuda en dietas anti-obesidad. 

Como dosis general y a modo orientativo, podemos recomendar 1-2 cucharaditas por vaso de agua, con 1 cucharadita de miel virgen y beberla 2-3 veces al día en ayunas o antes de alimentos. 

También puede prepararse como bebida diaria con 1 cucharada de vinagre de manzana y otro tanto de miel virgen por litro de agua, y servirlo en reemplazo de bebidas envasadas o industrializadas.