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Ignacio Beamonte

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Las bebidas azucaradas matan 

La chispeante eutanasia

Lo dice Harvard (les damos crédito porque fue en estudio previo a hospedar a Calderón) 

Una semana después de que un juez de la Suprema Corte Estatal de NY desactivara la iniciativa del Alcalde de la ciudad de NY de prohibir la venta de Sodas y Refrescos tamaño gigante, un grupo de investigadores de Harvard reveló el impacto que tienen esas bebidas sobre la salud global. 

¿SU CONCLUSIÓN? MATAN A 184,000 PERSONAS ANUALMENTE. 

Se usaron 114 encuestas de organizaciones de salud de gobiernos e independientes comprehendiendo a 720,000 personas en 54 países que representan al 63% de la población mundial. Se revisaron las relaciones entre el consumo de bebidas azucaradas con la obesidad, cáncer y padecimientos cardiovasculares. Cerca de ¾ partes de las muertes sucedieron en países de bajo o mediano ingreso, y entre los 35 países más grandes, DESTACA MÉXICO CON LA TASA DE MORTANDAD MÁS GRANDE, Y JAPÓN CON LA MÁS BAJA, asociada al consumo de bebidas azucaradas. 

Las bebidas edulcoradas conducen a obesidad, que conduce a la diabetes y padecimientos cardiovasculares así como a cáncer (mamario, colorectal, pancreático y de vesícula). 

Si esto no deja en claro lo nefastas que son esas bebidas, pues entonces sígale a su chispeante eutanasia. 

Sal refinada-veneno cotidiano 

¿Cómo la sal marina tan saludable se convirtió en un veneno? Por el interés económico por encima de la salud: una persona sana no es “rentable”. 

El problema no es la sal sino es la refinación. Químicamente la sal marina y sal refinada son compuestos diferentes. La sal marina contiene 84 elementos vitales. Como toda la vida surgió del mar, todas las formas de vida llevamos la “sopa madre” en nuestros fluidos internos. 

LA REFINACIÓN. La industria desarrolló el refinamiento porque descubrió el valor industrial del cloruro de sodio para fabricar productos químicos como plásticos, combustibles, productos bélicos y aceites minerales; y la industria alimentaria la usa como conservador. Por estas razones 93% de la sal refinada es para fines industriales; 4% es conservador alimentario; apenas 3% para la mesa. 

El cloruro sódico químicamente puro no existe en la naturaleza. El organismo no lo reconoce y lo considera tóxico por su reactividad. 

LOS ADITIVOS. Yodo y flúor industrial que no se metabolizan y forman nitratos cancerígenos responsables de tumores y reacciones alérgicas. Pueden causar hipertiroidismo, tiroiditis y disminución de fertilidad. El flúor produce problemas neurológicos, endocrinos y déficit de atención. Además se agregan dextrosa, bicarbonato, e hidróxido de aluminio -relacionado con Alzheimer-, huesos pulverizados, aluminatos, ferrocianuro, citrato amoniacal, prusiato amarillo y carbonato de magnesio. 

EL PROBLEMA DEL SODIO. El enorme consumo de sodio proviene mayormente de productos industriales. Los especialistas sugieren ahora evitar la sal para resolver el exceso de sodio, ignorando que el consumidor ingiere sodio oculto en alimentos industrializados, como el pan de caja (500mg por 100g). La OMS recomienda no superar 2.4gr por adulto. Con 500gr diarios de pan se excede. 

Perjuicios de la sal refinada. 

RETENCIÓN DE LÍQUIDOS. Se neutraliza Sodio usando agua intracelular. Cada gramo de cloruro sódico exige 23grde agua intracelular. Los riñones pueden excretar 5-7gr diarios, pero consumimos 12- 20gr. Este déficit crea problemas renales. Al multiplicar por 365 días anuales se genera retención de líquidos que produce aumento de peso y exigencia para corazón, hígado y riñones. Los tejidos se deshidratan creando senilidad latente. Y beber agua no basta para reponerla, porque el líquido intracelular no es solo agua sino plasma marino. 

OBESIDAD Y CELULITIS. El organismo usa grasas para encapsular el sodio y aislarlo. Como consecuencia se forma tejido esponjoso que genera sobrepeso y celulitis. 

CRISTALIZACIÓN Y ESCLEROSIS. Más de 35g de cristales resulta letal. El cloruro sódico se une con aminoácidos animales de lácteos y cárnicos y forma cristales de ácido úrico. Se depositan en huesos y articulaciones provocando artritis, gota, reuma. Otros cristales forman arenillas y cálculos y otros más cristalizan las arterias causando fragilidad y esclerosis. 

Otros perjuicios: problemas emocionales, excitación, insomnio, fatiga, úlceras, dependencia adictiva, hipertrofia suprarrenal, calvicie, estreñimiento, cáncer gástrico y osteoporosis. 

MÉXICO, medalla de oro en consumo de refresco

Dicen algunos estudios que México es el país con mayor consumo de refrescos, pese a las consecuencias negativas que acarrea su ingesta. El hábito, como muchas otras costumbres, inicia en la infancia.

Los refrescos o bebidas carbonatadas se han establecido en gran número de mesas para acompañar los alimentos, o bien, se ingieren ávidamente entre comidas como “golosinas”, ocupando lugar destacado en la alimentación de los niños. No por nada, durante el decenio 1990-2000 se bebieron en México, en promedio, 140 litros por persona, lo que representa el primer lugar de consumo de estos productos por habitante en el orbe.

Sin embargo, el daño que provocan a la salud es mayúsculo, y apunta en diversas direcciones: sobre peso, desmineralización y trastornos digestivos.

Las bebidas carbonatadas provocan obesidad infantil, pues contienen grandes cantidades de azúcares, como sacarosa, glucosa y fructuosa; sólo como ejemplo, se publicó que (1) (2), para elaborar 10 litros del refresco más popular en el mundo, se requieren 8.8 litros de agua, 1,070 gramos de endulzante y 90 gramos de dióxido de carbono. Pues bien, tales compuestos llegan rápidamente al flujo sanguíneo del niño y son asimilados gracias a la insulina, lo que les permite pasar a los tejidos convertidos en grasas.

Así, diversas investigaciones han encontrado un vínculo directo entre el consumo de refresco y la obesidad hasta en 34% de los casos estudiados. Los resultados son contundentes: al beber un litro de refresco al día, se aumenta un kilo de peso en tres semanas.

Estas bebidas, además, afectan a los dientes disolviendo su esmalte protector y provocando caries. En particular, las bebidas de cola contienen ácido fosfórico, sustancia que impide la adsorción de calcio y que favorece la formación de huesos débiles: si un diente humano es sumergido en una bebida de cola, éste se ablanda en un par de días y comienza a disolverse.

Por otra parte, se sabe que el consumo de refrescos de cola genera hiperactividad en los niños: uno de sus componentes, la cafeína, es una sustancia que intoxica a las células nerviosas, provocando en ellas una reacción para eliminarla que se combina con sensación de euforia, si bien el resultado final es agotamiento. Por otro lado, el contenido de cafeína en estos productos es superior al de una taza de café y existen evidencias de que disminuir el consumo de refrescos en 50% mejora el comportamiento en 42% de los infantes.

Asimismo, la cafeína provoca trastornos de sueño en el pequeño, hecho que adquiere relevancia si se considera que al dormir se estimula la hormona del crecimiento, por lo que la falta de descanso profundo y reparador afecta el desarrollo normal.

Por último, cabe destacar que el gas carbónico, sustancia que da a estas bebidas su característica burbujeante, tiene dos efectos nocivos: a corto plazo, ayuda a asimilar al ácido fosfórico y a la cafeína, aumentando los efectos antes descritos, mientras que a mediano plazo produce irritación en la piel que recubre al estómago o mucosa gástrica, con lo que se favorece la aparición de trastornos digestivos.